“Cierra los ojos y mírame”

Confieso que me encantó –rectifico, me emocionó- leer la noticia sobre la publicación de la novela que lleva por título “Cierra los ojos y mírame” (editorial DESTINO), escrita por nuestros colegas Ana Galán y Manuel Enríquez. 

Aunque aun no he leído la obra, por mi vocación y deformación profesional, siempre me ha seducido el triángulo protagonista: veterinario, animal e historia de amor. 

Lo importante de la novela -a mi juicio y con la temeridad que implica aun no haberla leído- es que está escrita por veterinarios. Del mismo modo que es difícil escribir sobre el amor sin haberlo vivido, es difícil encarnar literariamente un personaje sin conocer la profesión sobre la cual pivota su historia. Para saber cómo se piensa y cómo se siente dentro de una profesión hay que vivirla. 

Tenemos el admirable precedente de otro colega autor de novelas de éxito, Gonzalo Giner, cuya pluma nos deleita haciéndonos vivir la pasión y el amor por el caballo del albéitar medieval. 

La obra de Ana Galán y Manuel Enríquez evidencia de forma implícita un aspecto determinante en nuestra profesión y que defiendo con vehemencia: el concepto de negocio enfocado en las necesidades básicas que satisface el animal de compañía -en este caso el perro guía de un invidente-. ¿Qué necesidades satisface Kits, el labrador protagonista de la novela, a su dueño? Indudablemente y por encima de otras: libertad, seguridad y afecto. ¿Existen valores más preciados? 

¿Cuantas historias de amor con los mismos protagonistas -veterinario, propietario y animal- habremos vivido en nuestras consultas? Estas historias forman parte de nuestra vida personal y profesional, cimentan nuestra marca y son el elemento de conexión afectiva que va más allá del servicio que ofrecemos. ¿Por qué no las contamos? 

Venimos defendiendo con insistencia la importancia de la marca como vector a través del cual comunicar quienes somos y lo que ofrecemos. 

Desde siempre, contar historias ha sido una manera de definir la identidad de una tribu, de transmitir sus valores y ayudar a consolidar su reputación frente a las tribus rivales. 

En muchos sentidos las marcas se parecen a las tribus: las historias circulan dentro y alrededor de una empresa dibujando su cultura y sus valores, sus héroes y sus enemigos, lo bueno y lo malo tanto hacia sus empleados como hacia sus clientes. 

Las historias crean el contexto emotivo que favorece vivir con intensidad la experiencia que hacemos vivir a nuestros clientes (objetivo y gran ventaja competitiva de nuestro negocio). Una marca fuerte se construye sobre valores y emociones. Una historia comunica valores y apela a nuestras emociones. El cliente capta el mensaje de la marca a través de la historia y siente afinidad; compartiéndola con él transmitimos quienes somos y lo que defendemos.

Una gran marca se dirige a los sentimientos. Una marca entra en contacto con sus clientes a través de una experiencia de conexión; sólo tienes que contar tus historias ¿Nos lo pueden poner más fácil? 

Muchas gracias Ana y Manuel

 imagen:fundaciónonce

 

 

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